Lya: “Los donantes son como la familia lejana, sabés que están ahí aunque nunca los veas, son parte de tu ADN”

“Yo soy la chiquita rara del colegio que siempre hacía todo al revés y que creció tal vez siendo demasiado sensible a los animales, hija de un biólogo británico-canadiense y una psicóloga costarricense que me alimentaron el alma y la cabeza al mismo tiempo”, con esas palabras se define Lya Battle, fundadora de Territorio Zaguates.

Esa rareza de la que habla se debe precisamente a algunos comportamientos que tuvo desde pequeña, ya que los animales que más le gustaban eran los sapos, las culebras, las arañas y los insectos, porque para ella, eran los que menos atención y amor recibían.

Cuando creció se dio cuenta de la realidad, y comprendió que la gente no quiere a todos los perros, entonces pudo entender de manera más fácil que la situación en la que vivían los animales de la calle era inaceptable, y que si otras personas podían desentenderse, ella no.

Es esa forma de pensar, su sensibilidad y el destino, lo que se fue tejiendo y llevaron a Lya a convertirse en rescatista, ya que nunca estuvo entre sus planes abrir un refugio como Territorio de Zaguates.

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Lya, recordó que comenzó a llegar un perrito a su casa, lo curó y dijo: “donde comen tres comen cuatro”. Eso fue hace unos 12 años, después llegó otro y otro, al poco tiempo ya tenía unos seis zaguates, por lo que tomó la decisión de buscar un trabajo para poder ayudar a comprar el alimento.

“Llega un momento en que uno dice, bueno, yo no me puedo dejar todos los perros que se me atraviesan en el camino, tengo que buscarles casa, pero seguían apareciendo zaguates que necesitaban ayuda y para mí era lógico ayudarlos, había que curarlos, llevarlos a un veterinario y castrarlos, para muchos era muy sencillo ubicarlos, pero de repente hay un perro que no adoptan, y aparece otro nuevo, ahí se van sumando”, dijo Lya.

Una de las anécdotas que Lya nunca va a olvidar es la de Oso, fue la historia de este peludito que la hizo reflexionar, tanto a ella como a su esposo Álvaro Saumet, co-fundador de Territorio, sobre la labor que estaban realizando: “Llegó un perro que nos abrió los ojos, era un perro grande y muy lindo, pero era el ser más mal portado. Cuando las personas llegaban a ver los zaguates al primero que veían era a Oso, todos lo querían, pero se lo  llevaban y lo devolvían, así le pasó siete veces, además lo atropellaron cuatro veces porque era un escapista”.

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Según relató Lya, “Oso era el dolor de cabeza más grande del mundo, entonces cuáles eran las opciones que teníamos para él, o mandarlo a la calle o a un refugio en donde posiblemente lo iban a terminar durmiendo, fue cuando nos dimos cuenta de que no hay un lugar para que los perros puedan llegar sin una fecha de caducidad, condicionado a que si no consigue casa los duerman”.

En esas circunstancias fue que Lya se preguntó: “será que me toca dejarme todo los perros que me encuentro, porque yo no voy a poner a ninguno en la calle. Ya para entonces tenían más de 100 zaguates en la casa, en ese momento Álvaro propuso dos opciones: dejar de ayudar o llevarse todos los animales a la finca.  A pesar de que Lya no estaba muy segura, hicieron la prueba.

“En una de las caminatas que hice, con un joven de la familia que estaba en la finca, me di cuenta de que a los perros les encanta correr libres por la montaña, ahí entendí que sí iba a funcionar”, comentó Lya.

Es de esta manera que Lya, una educadora de profesión, terminó entregando su vida a la mayor cantidad de hijos que puede tener una persona, ya que en cuestión de dos años tenían cerca de 300 zaguates de otro refugio que cerró dos veces, y las dos veces recibieron a los peluditos.

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La tarea no ha sido nada fácil para estas personas que sin pensarlo iniciaron una labor social que trascendió fronteras. La manutención de los primeros 400 perros que tuvieron salía de la bolsa de Lya y Álvaro, quienes perdieron algunos bienes, porque preferían comprar el alimento de los animales que gastar el dinero en otras cosas.

“Yo he perdido cosas materiales y libertades que disfrutaba mucho, pero no me ha pesado y si tuviera que volverlo hacer lo haría mil veces, porque si logro cambiarle el rumbo a un perrito, cualquier dolor de cabeza valió la pena”, indicó Lya.

Como para Lya nunca existió la idea de abrir un refugio, eran sus zaguates los que iban para la finca, a quienes deseaba encontrarles una casa, pero si no lo lograba, eran los animales que el destino puso en su camino a los cuales les brindaba una mejor oportunidad de vida.

“Yo nunca te voy a dormir un perro, por ninguna razón, a no ser de que esté sufriendo y no haya cómo aliviar ese sufrimiento. Si tiene una parálisis le buscamos una silla, si solo puede mover los ojos y come, se queda, porque si ese perro va a vivir el resto de su vida con nosotros la tiene que disfrutar, si solo le quedan dos semanas de vida las va a pasar bien”, destacó Lya.

Hoy la familia Territoriana ronda los 1300 zaguates. Una de las primeras acciones que se hace cuando se rescata un perro es ponerle un nombre, porque eso le da una identidad y podrá responder cuando le hablen.

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¿De dónde surge el nombre de la finca?

“Una de las cosas que yo menos entendía de la gente era porque despreciaban a un zaguate, cuando estos perros son unos sobrevivientes, unos campeones de la vida, de la calle, del desprecio. Muchas personas lo hacen porque no tiene una raza, por eso creí que tenía que llevar la palabra zaguate, porque estos perros son únicos. Además nadie los iba a despreciar en la finca, en la montaña, en el terreno que es de ellos, por eso lo nombré: Territorio de Zaguates”.

¿Qué significan los donantes para este proyecto?

“Quitando lo más obvio, que es la ayuda que nos brindan para seguir adelante, que nos liberan un poco del estrés de no lograrlo, porque todos los días uno se levanta con esa posibilidad, es saber que es gente que entiende y apoya la lucha. Son personas que le dan  validez a tu meta, proyectos y expectativas. Para mí son como la familia lejana, sabés que están ahí, aunque nunca la veas, son parte de tu ADN”.

¿Con qué sueña Lya?

Aquí en Territorio se pueden hacer mil cosas, pero sueño con que haya cabañas para que la gente que viene de visita pueda quedarse, y si quieren se pueda llevar tres perros a dormir con ellos. Además, tener casitas individuales para cada una de las personas que vive en la finca y así pueda hacerse responsable de cierta cantidad de perros en su espacio, principalmente aquellos perros más viejitos, que necesitan ayuda de alguien y que nadie  los va a adoptar. De esta manera Territorio se puede volver autosuficiente, pero de momento seguimos con nuestra labor”.

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Gracias por apoyar Territorio.

A pesar de que este proyecto cuenta con muchos detractores, gracias al esfuerzo de sus creadores Lya Battle y Álvaro Saumet, de colaboradores como Marcela Castro, de los donantes y amigos de Territorio, continúa operando, brindándole a cientos de perros un lugar digno para vivir por el resto de su vida.

Es a través de las donaciones, del buen corazón de muchas personas alrededor del  mundo y de la empresa privada, que los perros tienen su alimento, cuyo costo es de $600 diarios.

Por último, Lya agradeció a todas las personas que forman parte de esta noble causa: “Yo lo que más agradezco es a esas personas hormiguitas que hacen su donativo, que no tienen mucha plata para donar pero hacen un aporte. A mí se me hace un puño el corazón, ver gente que va y recoge llantas viejas, las recorta y las pinta para fabricarle camitas a los perritos”.

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“A todas esas personas que están ahí para apoyar, aunque sea con una oración, ese tipo de cosas me conmueven mucho porque yo no siento que la gente nos deba nada, a mí nadie me obligó a hacer esto, el que me quiera ayudar se lo agradezco. Yo no soy ni familiar, ni conocida de los donantes y tampoco conocen a los perros, pero tienen el suficiente amor para hacerlo. Me moriré y no le he terminado de agradecer a la gente, eso me devuelve la fe en el ser humano, que uno la pierde todos los días 20 veces”, finalizó.

Territorio es un santuario para cientos de perros callejeros que fueron abandonados o maltratados en algún momento de su vida

Solo con el apoyo de personas que creen en nuestra lucha por brindarle una vida digna y feliz a los perros de la calle, es que podemos seguir abriéndole las puertas a muchos zaguates que lo necesitan.

Sé parte de esta gran familia Territoriana, lucha junto a nosotros y ayúdanos a continuar brindado la segunda oportunidad que los zaguates necesitan.

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