Hoy queremos contarte la historia de adopción de nuestro querido Xerotte, ahora llamado Chiquitito. Viajó hasta Nueva York para irse a vivir con Catherine y su familia.
Catherine conoció Territorio cuando tuvo la oportunidad de ser voluntaria como parte del programa Loop Abroad. “No vi a mi perrito hasta el segundo día que estuve ahí, y se acercó a nuestro grupo, y yo pensé: ‘¡Dios mío! Es solo un bebé’ porque se ve tan pequeño, aunque tiene un año y medio.”
Él solo quería estar en las piernas o los brazos de todo el mundo todo el tiempo, así que lo cargué mucho y pasé con él la mayor parte de mi tiempo ahí. Trataba de tenerlo en brazos todo lo que podía, porque justo después de conocerlo pensé: “Tengo que adoptar a este perro. ¡No puedo irme a casa sin él!”.

“Lo que realmente terminó de convencerme fue que, mi último día, me subí al bus y él estaba sentado en mi asiento, el mismo en el que había estado sentada todo el fin de semana. Cuando finalmente alguien lo bajó del bus porque yo no lograba hacerlo, nos siguió corriendo mientras nos íbamos, ladrando junto a mi ventana”, nos contó Catherine. Para ella, dejarlo fue desgarrador, pero por dicha, no sería por mucho tiempo.
“Así que le dije a Lya que quería adoptarlo, y todos fueron increíbles durante todo el proceso. ¡En realidad fue muy fácil!”
Adoptar a un territoriano es completamente gratis, algo que Catherine agradeció mucho porque justo estaba terminando la universidad. Lo único que tuvo que pagar fue el boleto de avión para que él viajara con ella en la cabina.
Catherine y Chiqui finalmente se reencontraron en el aeropuerto cuando Lya lo llevó. Desde entonces, han estado juntos casi todos los días, “¡se me pega como un chicle!”

En el refugio, Chiqui era conocido por ser mimado y necesitado de atención, mordisqueando los tobillos de la gente para llamar la atención. Todavía lo hace con su mamá humana, pero solo cuando sabe que ella lo va a dejar en la casa todo el día. Eso no pasa muy a menudo porque, cuando puede, viaja con Catherine, que hasta le compró una bolsita para llevarlo siempre a su lado a donde vaya. Se volvió consentido muy rápido; hasta le pintan las uñas de azul brillante (¡su familia está segura de que es su color favorito!).

Ahora, Chiqui tiene su propia manadita, ya que vive con otros tres perritos que lo adoran: un Jack Russell llamado Bernie (con quien le encanta forcejear y jugar rudo, ya que son bastante parecidos en tamaño y personalidad) y dos Collies que los aceptaron de inmediato en sus juegos de tira y afloja.
“Adoptar fue una experiencia increíble, y me lo hicieron muy fácil. No hay nada que quiera más que esos perros en Territorio consigan un hogar como el que tiene mi Chiqui ahora. Es un perrito tan alegre y despreocupado, y estoy segura de que hay cientos de perros como él que merecen una familia que los ame.”
