Perros de dos o tres patas

Perros de dos o tres patas

El riesgo de que un perro sufra algún tipo de lesión en una de sus patas siempre existe, pero es mucho mayor para todos los perros que viven en la calle. El peligro, la violencia y el abandono a los que están expuestos los perros callejeros los ponen en desventaja, y muchos luchan por sobrevivir en condiciones deplorables.

La calle es el único mundo que conocen muchos perros en nuestro país, así que para ellos, cualquier circunstancia desafortunada es solo una prueba más que enfrentar. Si no fueran animales dóciles con un gran instinto de supervivencia, no darían las tantas batallas que dan a diario.

Incidentes causados por humanos, peleas entre perros callejeros o enfermedades son solo algunas de las cientos de causas que pueden llevar a que un zaguate se lesione; en muchos casos, el daño es tan grave que la mejor opción es amputarle una o más de sus patitas.

Desde el momento en que rescatamos a un zaguate, empezamos a escribir junto a él una nueva historia. Luchamos para que esta segunda oportunidad lo lleve a una vida mucho más esperanzadora.

A lo largo de los años hemos ayudado a muchos perritos, y aunque algunos perdieron una o dos patas, nos han enseñado que lo más importante en sus vidas no es lo que les falta, sino lo que tienen: el amor que encontraron en Territorio de Zaguates y, en el mejor de los casos, el de una familia que los adopta.

Nuestra querida Ramona es un ejemplo viviente de la resiliencia de los perros. Un vehículo la atropelló y le destrozó las dos patas delanteras, y aunque ahora solo le quedan partes de ellas, logró adaptarse rápido y es una perra muy feliz.

Otro de los territorianos de tres patas es el conocido Orotina: se le conoce por ser uno de los perros más inquietos de la manada, y su actividad favorita es cavar hoyos gigantes en los jardines del santuario.

Vagabundo es otro de los perros que entró en la lista de los amputados. Su rescate fue complicado porque siempre se escapaba. Vivió en la calle con una pata herida que empeoraba cada vez más porque tenía el hueso expuesto. Incluso hicimos una jaula artesanal para capturarlo, pero dejó de frecuentar los lugares donde lo veían. Después de varios intentos, finalmente logramos ubicarlo y rescatarlo. Hubo que amputarle la pata porque no había forma de revertir el daño.

Otra historia parecida es la de Toño, a quien rescatamos con una fractura abierta en una de sus patas traseras, que también tuvo que ser amputada. Ahora es un perro completamente distinto: más feliz, pero con el mismo amor y la misma lealtad que lo caracterizan.

A estos perritos se suman Pingüino, Palomo y Renca, por mencionar solo a algunos otros territorianos que han vivido una historia parecida y que hoy disfrutan de una vida plena. Su recuperación ha sido todo un éxito gracias al cuidado, la rehabilitación, la paciencia y el amor que los rodea en nuestro santuario.

Sabemos que su cuerpo ya no será el mismo, y sin duda, su vida tampoco lo será. Después de sus rescates y de la atención médica, han logrado encontrar esperanza y dejar mucho dolor atrás. La mayoría vive una vida mejor y más feliz que antes.

La nobleza que estos perros nos muestran cada día nos llena el corazón y nos impulsa a seguir haciendo nuestro trabajo por el bienestar de todos los perros de la calle de nuestro país; al final, el amor que recibimos de todos ellos es la mayor recompensa que podríamos pedir.

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