Cuando rescatamos a Clementina en mayo de 2024, nunca imaginamos que su vida cambiaría tanto.
Cuando la encontramos, a Tina la habían atropellado y la habían dejado a su suerte a la orilla del camino. Tenía las patas completamente destrozadas, tres de ellas rotas en varios puntos, y pensamos que no sobreviviría a sus cirugías.

Sin embargo, con el cuidado de veterinarios increíbles y cuatro meses de recuperación rigurosa, Clementina aprendió a caminar de nuevo, y su apetito siguió mejorando. Sin embargo, nadie preguntaba por ella, y su adopción se veía cada vez más lejana.
Así fue, hasta que apareció Tatiana.
“Su historia me conmovió terriblemente. No me puedo imaginar lo que habrá sufrido en ese accidente, con las patas rotas… Que la mayoría de la gente no le daría ni una oportunidad, y además, nadie había pedido adoptarla. Entonces convencí a mi familia de darnos la oportunidad de conocerla, aunque no nos sentíamos listos para traerla enseguida. Yo sabía que ella quería un hogar, que se lo merecía. En una semana ya era parte de nosotros, y pudimos ver que hizo todo lo posible por encajar en nuestra familia, porque aquí tenemos otro perro y un gato.”

Tina es cariñosa, juguetona, y súper popular en su barrio, pero lo que más la define es su nobleza.
“Ella se enorgullece de su familia. Ya sea animal o humana. Hace poco defendió a su hermano gato. Él había salido y otros gatos lo estaban persiguiendo. Cuando entró, ella les ladró a los demás, lo acompañó y lo acicaló para asegurarle que estaba a salvo.”
Entre su familia humana, Clementina es profundamente amada. Ya sea por el hermano de Tatiana, su hijo, o su mamá. Ella es la princesa de la casa. No tiene cama propia porque duerme en las camas de sus humanos y exige atención constantemente cada vez que puede, ya sea mordisqueando o invadiendo el espacio personal de todos.

Incluso con quienes no conoce bien, Clementina es dulce y cariñosa. Los niños de su barrio la saludan cada mañana y cada tarde, y con las personas adultas mayores es suave y los saluda con muchísimo cuidado. Es sensata e inteligente.

“Mi vida cambió por completo cuando adoptamos a Clementina. Nunca me imaginé teniendo un perro tan grande, y ella, con toda su belleza, está llena de amor. Es increíblemente agradecida, y tenerla en casa no ha sido más que enriquecedor. ¡Aunque a veces nos quiera volver locos! No solo nos enseñó que podemos salvar vidas, sino que también nos unió como familia. Ahora todos nos aseguramos de que esté acompañada, alimentada y bien cuidada. Todos queremos lo mejor para ella, y trabajamos juntos para lograrlo.
Nuestra familia se arrepentirá de cualquier cosa, menos de haber adoptado a Clementina. Tanto mi mamá como yo le damos gracias a Dios por permitirnos conocerla y abrazarla. En nuestra casa puede faltar comida, pero nunca la de mis pequeños (sus animales). Su amor incondicional es algo que nunca podré pagar.”