Don Tito

Don Tito

Don Tito formó parte de nuestro grupo de territorianos adultos mayores y con necesidades especiales durante varios años.

Al momento de su rescate, notamos que una de sus patas delanteras estaba en mal estado. Después de que lo examinara el veterinario, nos dijeron que probablemente había sufrido un accidente durante sus años en la calle, y que, aunque la pata ya no le dolía, la amputación era la opción más razonable.

Sin embargo, por su edad y su estado de salud, decidimos no hacerlo pasar por una cirugía y la recuperación posterior, así que siguió viviendo con sus cuatro patas, aunque una de ellas no le funcionara.

Un día, aun con la cara llena de canas y la pata torcida, Don Tito tuvo la fortuna de poder unirse a la familia de Melany, quien ahora es su mamá y humana favorita.

Sin embargo, la adopción de Tito ha sido bastante distinta de lo que Melany se imaginaba.

“Antes de que llegara a la casa, lo veía tan enfermo y tan viejo que pensé que solo le estaba dando la oportunidad de morir en un hogar; pensé que iba a pasar aquí sus últimos días. Pero resultó todo lo contrario…** ¡creo que todavía le quedan 100 años de vida!”**

Tito va a cumplir dos años este junio, y** ¡cada día se pone más fuerte y más lleno de vida!**

En los primeros meses después de su adopción, Don Tito logró escaparse del patio de enfrente para pelear con los perros grandes del barrio, que rápido aprendieron a respetarlo. Cuando sus humanos lo veían dando vueltas afuera, les tomaba horas volver a atraparlo.** Aunque tiene tres patas, es un maratonista estelar y, sin duda, el jefe del barrio.**

Aunque no tiene un solo diente, Don Tito es gruñón, un poco abusador, y sin duda exigente. Aunque se comporta bastante arisco con los demás, en casa Tito está sumamente mimado. Le encanta ser el primero en recibir cariño y mimos de sus humanos.

“Ver cómo puede cambiar un perro con atención y amor es increíble. Tito es completamente distinto de cómo era cuando lo adoptamos: **es tierno y sumamente gracioso. **

La llegada de Tito a mi vida me enseñó sobre las segundas oportunidades. Me enseñó que un perro mayor nos hace reír todos los días, incluso con su edad y sus dificultades.

Le trajo a nuestra familia sus propias características únicas, y con eso, la completó.”

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