“Yo le compartía paletas y conos de helado a un perrito callejero de mi barrio, y todos los chiquillos hacían un círculo alrededor de nosotros para ver al perro, llamado Pinta, comerse esas delicias”. Este es uno de los recuerdos de infancia más entrañables de Marcela Castro, una de las colaboradoras más comprometidas de Territorio de Zaguates.
Desde niña ha tenido esta afinidad con la naturaleza y los animales, como si tuviera un chip implantado; siempre ha rescatado perros de la calle: “Los llevaba a la casa donde mi mamá, y por supuesto, ella tenía que averiguar qué hacer con ellos, de dónde sacar el dinero para la comida, la esterilización, etc., solo porque su hijita había traído a un perro nuevo a la casa.”
El primer perro que tuvo fue una Weimaraner llamada Tara; tenía nueve años cuando su tía le regaló a la cachorrita. Según ella, Tara fue la perra que creció con ella y la acompañó durante 17 años, hasta que murió de vieja.
“Fue horrible, uno de los momentos más feos que he tenido que vivir. Tara agonizó en mis brazos toda la tarde; esa fue la primera experiencia que tuve como adulta con un perro propio”, contó Marcela.

Desde adolescente, Marcela siempre se hizo cargo de los gastos de su perra. Le compraba la comida y la llevaba al veterinario. Con el tiempo llegaron otros perros, a los que también les brindó su ayuda, demostrando que su sensibilidad, su preocupación y su deseo de ofrecerle una mejor calidad de vida a los perros de la calle son lo que la define como rescatista.
Un día, en medio de sus labores de rescate, descubrió a Territorio de Zaguates: “Conocí a Lya y a Álvaro hace unos ocho años en una feria de adopción. Había rescatado a una perra y le había encontrado un hogar temporal; la llevé a la feria de adopción para ver si le encontraba una familia, pero nadie la adoptó. La chica que me estaba ayudando con el hogar temporal ya no podía quedarse con ella, así que Lya y Álvaro se ofrecieron a recibirla hasta que fuera adoptada. Como agradecimiento, yo iba a su casa cada 2 semanas a llevarles un saco grande de comida para perros”, recordó Marcela.
Según esta rescatista, la forma en que fue criada, sus valores, su amor por los perros y, sobre todo, el deseo de cambiarle la vida a los perros de la calle son lo que la mantiene haciendo este trabajo; para ella no hay excusa ni razón que pueda impedir un rescate, porque sabe que eso significará el regalo de una nueva oportunidad para un peludito.

Con el tiempo, su relación con Lya y Álvaro se hizo más cercana y empezó a involucrarse cada vez más en el proyecto. Tomó la iniciativa de fotografiar a los cachorros y perros que tenían en su casa, y luego publicaba esas fotos en su propio Facebook, mucho antes de que existiera siquiera una página de Facebook o un concepto para Territorio de Zaguates; así fue como logró que muchos de esos cachorros fueran adoptados.
Sin duda, Marcela siempre ha estado dispuesta a dar lo mejor de sí para ver felices a los perros; esa es su única recompensa, ya que todo el trabajo que hace, lo hace de forma gratuita. En Territorio ha bañado perros y les ha cortado las uñas, ha recogido caca, los ha alimentado, los ha llevado al veterinario y ha hecho cualquier otra tarea imaginable. Además, ha habido momentos en los que ha tenido hasta 17 perros en hogar temporal al mismo tiempo en su casa. Actualmente tiene 10 perros propios, a los que les da un hogar con el cuidado y el cariño que se merecen.

¿Qué significa Territorio?
“Territorio es como la mitad de mi vida, ya han sido muchos años, básicamente todos mis fines de semana están dedicados a Territorio. Hubo una época en que las cosas se complicaron muchísimo y tuvimos que subir todos los días de la semana a cuidar a los perros y hacer todas las tareas, porque no teníamos a nadie más que pudiera hacerlo.
“Me siento como una tía para estos perros, no puedo decir que soy una mamá, porque Lya es la mamá de ellos, pero para mí son como mis hijos. Me pongo feliz cuando los adoptan, me da tristeza verlos envejecer y morir. Territorio es un proyecto en el que creo de verdad, y es parte de mi familia.”
Entre tus compromisos personales y Territorio, ¿cómo es un día en la vida de Marcela?
“Tengo esta perrita, Puppy. Quedó paralizada hace tres años y medio. Lya y yo la llevamos a fisioterapia tres veces por semana, así que todo nuestro horario de trabajo gira alrededor de las terapias de Puppy. Las dos tenemos que coordinar y tener libres las mañanas del lunes, miércoles y viernes, para poder llevar a Puppy a su terapia, lo cual nos quita toda la mañana.”
“Estudié fisioterapia y doy clases de Pilates y Yoga. Por dicha, soy mi propia jefa, lo que me permite hacer muchas cosas que simplemente no podría hacer si tuviera un horario fijo. Si necesito cancelar una clase por algo relacionado con Territorio, simplemente la cancelo. Por ejemplo, usamos los viernes para hacer muchos mandados que no se pueden hacer durante la semana, ya sea comprar comida para los perros, recoger una donación, llevar a un perro al veterinario; y los fines de semana son para subir al refugio o ir a ferias de adopción, siempre andamos corriendo.”

Como colaboradora, ¿qué papel juegan los donantes en Territorio?
“En la etapa en la que estamos, estoy segura de que Territorio no podría sobrevivir si no fuera por las donaciones. Cuando conocí a Álvaro y a Lya, ellos financiaban Territorio con su propio dinero. Álvaro tenía un negocio y unos locales que alquilaba, pero con el tiempo la cantidad de perros rescatados aumentó y el dinero simplemente no alcanzaba. Tuvieron que vender su negocio, luego hipotecar su casa, recurrieron a todo lo que les quedaba.”
“Super Perro es una ayuda enorme; si no fuera por ellos no podríamos alimentar a los perros. Aunque todavía tenemos que invertir millones en comida cada mes, Super Perro dona el 50% de esa comida, que es muchísimo. No sería posible mantener Territorio abierto si no fuera por la gente que nos ayuda con donaciones, porque esto no es solo cuestión de tener el espacio para hacerlo. El terreno sí es muy grande y se podrían tener 3000 perros aquí si se quisiera, pero hay muchos gastos que la gente no toma en cuenta, no es solo la comida, es la planilla de nuestro personal que vive ahí y de otros colaboradores, las cuentas interminables de esterilizaciones, veterinarios, vacunas, entre otros. Por dicha, los donantes mantienen el refugio abierto.”
¿Qué le dirías a Lya y a Álvaro?
“Les diría gracias por hacer el trabajo monumental que nadie más está dispuesto a hacer en este país, que los admiro muchísimo, porque los he visto perder todo lo que tenían para mantener a sus perros y a Territorio abierto”.
“Demasiadas veces he tenido que ver a la gente criticarlos, inventar historias ridículas sobre ellos, y estoy segura de que ninguna otra persona en este país sería capaz o estaría dispuesta a perder todo lo que ellos han perdido; les ha costado mucho mantener a Territorio a flote. Estoy segura de que, si tuvieran la opción, ninguno de los dos elegiría algo diferente; una y otra vez volverían a hacer lo que están haciendo”.

Si tuvieras que darle un mensaje a la gente sobre Territorio, ¿cuál sería?
“Yo siempre soy la que le dice a la gente, por favor, no vengan a dejar a su perro aquí, esto no es un hotel cinco estrellas, es un refugio para perros de la calle que no tienen otra opción más que la calle. Es cierto que aquí los zaguates son felices, pueden correr por la montaña y están en buenas manos, pero si traés a tu perro, que está acostumbrado a vivir dentro de una casa, a una montaña en un país tropical, donde llueve, donde hay lodo por todas partes y otros animales, probablemente tu perro no la va a pasar tan bien.”
“Claro que Territorio es un pedacito de cielo en la tierra para muchos perros que no tienen otra oportunidad, pero lamentablemente, a veces termina siendo un basurero para perros que antes tuvieron un hogar y su dueño simplemente ya no los quiso, y no debería ser así. Al final, muchos perros la pasan muy bien aquí, se integran perfecto a la manada, pero otras veces vemos perros que dejan abandonados aquí, que de inmediato se deprimen y se mueren.”
“Territorio es una familia muy humilde, pero tratamos de darles lo mejor a los perros, darles un techo, comida, atención veterinaria; no es posible darle amor de forma individual a más de 1000 perros al día, pero nuestro personal aquí los trata con cuidado y respeto, y eso les cambia la vida por completo. Territorio debería ser solo un lindo hogar temporal para los perros, para que el objetivo sea conseguirles una familia, porque te puedo asegurar que, al final, eso es lo que todos quieren: un hogar, una familia, alguien a quien amar y que los ame, y quizás, que les regalen un juguete en Navidad”.

¿Cuáles son tus planes a futuro con Territorio?
“Hay épocas muy difíciles y estresantes que atravesamos, porque no es solo por los perros, es la parte económica. Uno tiene que estar buscando la forma de conseguir el dinero para pagar las cuentas. Es duro saber que tenemos, por ejemplo, una cuenta pendiente de $10.000 en alguna clínica veterinaria, y que no nos dejan llevar más perros ahí hasta que paguemos esa cuenta.”
“Por otro lado, tenemos que lidiar con gente que maltrata y abandona animales todos los días, lo cual es agotador emocionalmente, te va desgastando y hay veces en que pensás en dejar todo atrás, hacer lo que uno quiera, en lugar de estar aquí arriba en el refugio, pero como te decía, Territorio es mi familia, y para mí irme no es una opción. No puedo simplemente agarrar mis cosas e irme sin nunca saber si Abuelo murió, o si Bella sigue en el refugio, o qué pasó con Cherry. Simplemente no tengo el corazón para dejar un proyecto así, porque ya son parte de mi vida y de mi familia; tenemos que seguir adelante por los perros, ellos no tienen la culpa de nada, se merecen que nos quedemos aquí tratando de mejorar su calidad de vida.”
Lamentablemente, cada día hay más y más perros abandonados que necesitan la ayuda de personas como Marcela, que han entregado su corazón y su vida al rescate y cuidado de perros de la calle que han sufrido la crueldad y la indiferencia humana.
Vos también podés unirte y ser colaborador de Territorio. Ayudanos a seguir manteniendo este pedacito de cielo en la tierra para muchos perros de la calle que no tienen otra opción más que vivir en las calles.