Monse, Mario & Quique

Monse, Mario & Quique

Hoy queremos contarte la hermosa historia de Monse, Mario y Quique.

Hace más de 8 años, en el 2014, Mario y Quique se conocieron como cosa del destino.

Ese año Mario iba a participar en su segunda edición del PerroCross. En este evento, los humanos corren montaña abajo junto a sus perros. Sin embargo, Maya, la compañera de PerroCross de Mario, falleció lamentablemente solo un mes antes de la carrera, tras una lucha de salud de la que no logró recuperarse.

Aun así, Mario decidió asistir al evento. Ahí descubrió que Land of the Strays iba a ‘prestar’ zaguates a las personas que no tenían un perro con quien correr, a cambio de una donación.

“Yo ya tenía el arnés de carrera que usaba con Maya, así que la idea era ir y encontrar un perro al que le quedara bien”, nos contó Mario. Pero cuando llegó a la estación del santuario, se dio cuenta de que la mayoría de los perros medianos o grandes ya estaban apartados para correr con atletas de alto rendimiento, que eran invitados especiales de esa edición de la carrera.

“Cuando ya pensaba que no iba a poder usar el arnés, volví a mirar hacia la parte de atrás del camión, y vi a Enrique saltando de la emoción, así que le pregunté a Marcela si estaba disponible”, cuenta Mario. Le quedó perfecto.

Lo que Mario no sabía era que, en primer lugar, Enrique ni siquiera debía estar ahí. A Quique lo habían confiscado de sus primeros dueños por ser un perro cazador furtivo, así que no había ninguna certeza de que un perro como él corriera en la montaña sin querer atrapar cualquier presa que se le apareciera. Sin embargo, Quique se subió al camión, y ya no hubo forma de bajarlo. “Estaba demasiado emocionado por ir, así que decidimos llevarlo aunque fuera solo para un paseíto”, nos contó Marce.

Aun así, Quique y Mario salieron a correr. Cuando terminaron, Mario ya sabía que se había formado un vínculo entre los dos, uno que no iban a poder ignorar. Mientras Monse terminaba una caminata con Toby, el otro perro de la familia, Mario decidió que no tenía otra opción: tenían que adoptar a Quique.

Todavía de luto por Maya, la principal preocupación de Mario era lo que pensara Monse de su decisión, así que se sorprendió cuando Monse le respondió con cariño: “Ya sabía que hoy nos íbamos a llevar un perro a la casa.”

Ese mismo domingo, Quique empezó una vida completamente nueva. Vivió como un perro feliz y mimado. Tuvo a Toby y a Cocoa como hermanos y compañeros perrunos, y sobre todo, tuvo humanos que lo amaron sin condiciones durante más de 8 años.

Quique cruzó el puente del arcoíris hace apenas unos meses. Pero su historia sigue resonando en nuestros corazones. Quique acompañó fielmente a sus humanos y los vio crecer en sus metas, en sus pasatiempos, y hasta en su familia, cuando nació su hija.

“Cuando pienso en Quique y en mí, no puedo evitar pensar que el destino ya nos tenía predestinados a estar juntos hasta el final. Estaba escrito que él cambiara mi vida, y yo la de él”, concluyó Mario.

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