Sin embargo, hasta hace poco más de un año, ¡todavía le faltaba adoptar a un territoriano!
Después de la muerte de una de sus perritas de edad avanzada y de una mudanza bastante grande, Lis y su hijo decidieron que estaban listos para recibir a un nuevo miembro en la familia. Alguien que les hiciera compañía a ellos y a su otro perro, que ya tiene casi 14 años.
Fue en ese momento cuando conocieron a Patita. Patita era parte de una camada recién rescatada, que en ese momento estaba siendo cuidada por Marce. Y solo bastó un encuentro para que Lis y su hijo se decidieran por ella.

Patita llegó a la casa al mismo tiempo que Cleopatra, otra cachorrita que Lis decidió adoptar. “Nos regalaron una perrita porque sabían que ya estábamos buscando… ¿qué íbamos a decir? ¿No? ¡Nunca! ¡Ahora Patita tendría con quién jugar!”

Ahora Patita y Cleopatra son inseparables. Juegan mucho, especialmente en las mañanas. En las tardes, duermen juntas y se acurrucan. Pero, como buenas hermanas, son competitivas entre sí. Sin embargo, Patita es cariñosa con todos sus hermanitos, tanto animales como humanos. “Es una besucona”, dice Lis, “cada vez que puede, aprovecha para limpiarles las orejas a besos a los demás.”
Y aunque es la más dominante de la casa, con Chucho, su hermano peludo mayor, ha adoptado una relación de padre-cachorra, en la que se defienden y se cuidan mutuamente. Las pocas veces que juegan, Patita sabe medir su fuerza y cambia a un juego más suave con Chucho, porque sabe que él es mayor que ella.
“Aunque todos mis perros son adoptados, antes de Patita y Cleopatra no había tenido la oportunidad de criar a una cachorrita, y el ritmo es distinto. Sin embargo, para nuestra familia ha sido muy importante.
A mi hijo le diagnosticaron trastorno por déficit de atención e hiperactividad. Es hijo único y bastante inquieto, y la llegada de Patita ha sido una excelente oportunidad para que crezca y mejore su capacidad de socializar con otros seres vivos.

Ahora tiene una cachorrita con quien jugar y pasar el tiempo. Cuando llega a la casa, Patita lo recibe y lo persigue, ayudándolo a entretenerse. Para un niño como Luis, ha sido bastante terapéutico. Le da enfoque y le enseña a manejar las interrupciones y las nuevas responsabilidades.
Y para mí, su presencia me ha traído una alegría enorme. Me sacan de la rutina por un rato. Sí, han dado trabajo, pero cuando a uno le gusta, cuando uno ama a los animales, es un trabajo hermoso.
Todo vale la pena cuando uno puede vivir ese amor incondicional… Además de verlas crecer, verlas jugar, verlas aprender cosas nuevas… su simple compañía es, sin duda, un antidepresivo natural.”
