Stella Pecana

Stella Pecana

Pecana era apenas una cachorrita cuando llegó a Territorio. Formaba parte de una camada de siete perros mestizos que fueron abandonados a la intemperie en nuestra finca, expuestos al sol, la lluvia, el frío y el hambre. Por suerte, tuvimos la oportunidad de encontrarlos vivos y rescatarlos, porque de no ser así, la historia de esta peludita y sus hermanos habría sido muy distinta.

El rescate ocurrió un día en que, gracias a las donaciones, finalmente pudimos contratar a alguien para chapear el potrero alto de parte de nuestra finca. De repente, quienes estaban chapeando empezaron a escuchar ladridos de varios cachorros, así que nuestros colaboradores interrumpieron el trabajo para tratar de ubicar de dónde venía el sonido. Así fue como encontraron a esta camada peluda: los habían abandonado en ese potrero alto, en medio del pastizal.

Todos los pequeños estaban en buenas condiciones y todos eran color café, así que llamamos a la camada “Las Semillas” y a cada uno le dimos el nombre de una semilla: Girasol, Maní, Pecana, Marañón, entre otros.

Días después publicamos en nuestras redes sociales que “Las Semillas” estaban en adopción, y logramos encontrarles hogar a todos; tal es el caso de Pecana, quien pasó a formar parte de la familia de Karina Varela y Michael Calderón.

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Fue adoptada exitosamente el 22 de noviembre de 2014, con la idea no solo de darle un hogar a una cachorra de la calle, sino de que se convirtiera en compañera de Luna, una perra que Karina ya tenía desde hacía 12 años.

“Teníamos una Cocker Spaniel que me regalaron, ya estaba vieja, solo comía y dormía, sentíamos que ni teníamos perra. Cuando vi el anuncio de Las Semillas me contacté con Territorio y llevamos a Luna para escoger una cachorra que tuviera una energía compatible con la de ella, y así fue como elegimos a Pecana”, explicó Karina.

Hoy esta perra mestiza está irreconocible: esa pequeña semilla creció tanto como el amor que esta familia tenía para darle. Karina y Michael decidieron mantener el nombre Pecana como su segundo nombre, y la llamaron Stella Pecana. Según cuenta la familia, como ya tenían una “Luna” en casa, quisieron ponerle Stella, que significa “estrella” en italiano, para tener así una luna y una estrella bajo el mismo techo.

La llegada de Pecana a su hogar transformó no solo la vida de Karina y Michael, quienes por cierto nunca antes habían adoptado, sino también la de Luna: “El veterinario nos dijo que normalmente, cuando llega una cachorra a la casa de un perro mayor, trae energía nueva, y efectivamente Stella Pecana reactivó a Luna por completo, la puso a correr y a jugar. Antes de eso no tenía energía; posiblemente vivió cuatro años más gracias a su nueva compañera, hasta que falleció en enero de este año”, nos contó Michael.

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Además, contó que a Stella la enseñaron a cepillarse los dientes desde cachorra, y que lo primero que aprendió fue a sentarse: “Aprendió a sentarse en la primera semana; a la hora de comer se ponía muy ansiosa, así que tuvimos que enseñarle a calmarse sentándose. No le dábamos la comida hasta que estuviera tranquila, porque a Luna la enseñaron a sentarse y esperar a que le sirvieran la comida, y no comía hasta que se lo indicábamos, entonces tuvimos que enseñarles igual a las dos, porque si no, Stella intentaba comerse también la comida de Luna.”

Sus humanos cuentan que siempre ha sido una perra muy dócil y tranquila, pero lo que más los sorprendió fue que Stella no dejaba de crecer.

“Cuando la adoptamos era chiquitica, me cabía en la palma de la mano. Al ser mestiza, uno no sabe realmente qué raza tiene ni cuánto más va a crecer, hay que estar preparado para eso. La verdad es que para nosotros fue toda una aventura verla crecer y crecer, porque no paraba de crecer y era muy pequeña cuando la conseguimos”, recordó Karina.

Aunque Stella normalmente es muy tranquila, también puede ser una traviesa. Cuando era cachorrita, un día su familia la dejó sola en la casa, y ella aprovechó para subirse al sofá, de ahí pasó a la silla, hasta llegar a la mesa, donde empezó a dar vueltas y a tirar cosas al piso. Stella tumbaba las cosas, mientras Luna las recibía abajo. Según Karina, Luna era la autora intelectual porque era la mayor, y era ella quien mandaba a Stella a hacer esas travesuras.

Además, recuerdan que al principio a Stella le gustaba morder y destrozar las plantas, y luego se dieron cuenta de que Luna, que nunca antes había mostrado interés en las plantas, también las mordía y las destruía igual que Stella. Sin duda lograron convivir y disfrutar juntas de muchas aventuras.

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Hoy Stella espera todos los días a que caiga la noche, porque sabe que es hora de jugar: “Le encanta jugar con juguetes de los que pueda jalar, como las cuerdas; siempre está esperando que salgamos a jugar con ella entre las 8:00 p.m. y las 9:00 p.m. Si no salimos, empieza a quejarse y a hacer ruido, nos trae los juguetes y los tira frente a nosotros, y se queda mirándonos fijamente hasta que salimos a jugar”, contó Michael.

Otro de sus pasatiempos es “hablar” con la perra vecina. Empiezan a ladrar de cerca en cerca; a veces la vecina ladra y ella le contesta, o al revés, y ahí se quedan un rato conversando.

Esta familia sabe que al adoptar a Stella están ayudando con el problema de los perros de la calle en Costa Rica: “La gente no tiene educación y prefiere comprar un perro en lugar de adoptarlo; en este país hay una sobrepoblación de perros de la calle y de perros maltratados, hay que castrarlos y asumir la responsabilidad, uno no puede simplemente abandonar a un perro en un refugio y hacer que otra persona se encargue cuando la responsabilidad es de uno”, dijo Karina.

Esta familia también aprovechó para comentar sobre el trabajo que hace Territorio de Zaguates: “El trabajo que hacen es increíble, el tiempo y la energía que se necesita para manejar un lugar así, con todas las necesidades que tienen. Es realmente admirable que puedan hacer este trabajo, además de la lucha que llevan con la gente que está en contra del proyecto; mucha gente no entiende qué hacen ni cómo lo hacen, pero sabemos que luchan día tras día para mantener el santuario vivo; no cualquiera está a la altura de ese reto, significa dedicarle la vida entera”, mencionaron.

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Por último, quisieron reflexionar sobre lo hermosa que es la experiencia de adoptar un perro de la calle, y cómo se la recomiendan a cualquiera, porque cambia vidas; uno realmente se conecta con un proyecto como Territorio, que tiene un beneficio social, ya que adoptar a un territoriano significa un perro menos en la calle, y un perro menos reproduciéndose sin control.

“Le dimos a Stella la oportunidad de estar con nosotros, y tenemos muy claro que es un ser vivo que nos va a acompañar por al menos 10 años; hay que asumir esa responsabilidad, los perros no son objetos que se puedan devolver, son seres vivos que tienen sentimientos, y que además representan un gasto de nuestra parte que hay que honrar”, dijo Karina.

Aquí en Territorio nos alegra ver cómo quienes fueron territorianos logran encontrar el amor que tanto necesitaban después de ser rescatados; son hogares como este los que eligen hacer la diferencia y le dan cierre a un proceso, poniéndole la cereza al pastel de nuestro trabajo.

Vos también podés hacer tu aporte y ayudarnos a seguir rescatando perros para que encuentren un hogar para siempre. Ayudanos a cambiarle la vida a un zaguate.

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