El sueño de abrir un santuario como Land of the Strays se ha hecho realidad gracias al trabajo honesto, la guía y la codirección de una gran mujer: Lya Battle.
Lya, hija de un biólogo británico-canadiense y una psicóloga costarricense, siempre ha amado a los animales, y desde pequeña sus padres alimentaron su alma y su mente con conocimiento y cariño. Esto hizo de Lya una mujer empática y valiente.
Durante su niñez, los sapos, las culebras, las arañas y los insectos eran sus animales favoritos, porque pensaba que eran los que recibían menos atención y cariño de las personas. Cuando creció, se dio cuenta de que, al igual que esos animales que prefería de niña, había miles de perros que la gente ignoraba, y concluyó que la forma en que vivían en la calle era inaceptable. **Otras personas podían ignorarlo, pero ella no. **
Fue esta forma de pensar y su amor por los animales lo que finalmente llevó a Lya a rescatar perros, aunque abrir un santuario con más de 1.800 perros nunca estuvo en sus planes.
“Hay un momento en que decís: bueno, no puedo ignorar a todos los perros sin hogar que veo en la calle. Tengo que encontrarles una familia. Perros heridos seguían apareciendo en mi puerta, y sentía que tenía que ayudarlos”, cuenta Lya.
Lya con uno de sus zaguates más mimados, “Gremlin”
Uno de los casos de rescate más inolvidables de Lya y de Álvaro, su esposo, fue el de Oso, un perro grande y hermoso, pero muy testarudo y mal portado. Mucha gente mostró interés en adoptar a Oso, y algunos incluso se lo llevaron a casa, pero siempre lo devolvían poco después. Esto pasó siete veces.
“Las opciones de Oso eran: volver a la calle o ir a un refugio donde probablemente lo iban a eutanizar. Fue entonces cuando nos dimos cuenta de que no existe un lugar que mantenga a los perros indefinidamente, uno sin fecha de vencimiento”, comentó Lya.
Para ese momento, la pareja ya tenía a más de cien perros viviendo en su casa, y fue entonces cuando Álvaro propuso dos opciones: dejar de ayudar a los perros o llevarlos a todos a una finca grande. Aunque en ese momento Lya no estaba segura de cómo iba a resultar, los dos dieron el salto de fe.
Y la tarea no ha sido fácil para Lya y Álvaro, pero sin saberlo, iniciaron una causa social que ha trascendido fronteras. **Como santuario libre de eutanasia, Territorio le da un hogar a cientos de perros que, de otra forma, serían eutanizados. **
“Nunca voy a eutanizar a un perro, a menos que esté sufriendo y no haya forma de aliviar ese sufrimiento. Si tiene una discapacidad, le buscamos una silla; si solo puede mover los ojos y comer, entonces lo alimentamos. Si ese perro va a vivir el resto de su vida con nosotros, tiene que disfrutarla, y si solo le quedan dos semanas de vida, también las va a pasar bien”, dice Lya.
Sin embargo, Lya y Álvaro no han estado solos en su labor como rescatistas y directores de uno de los santuarios de animales más grandes del mundo. A su lado hay dos mujeres que destacan por su empatía, pero también por su tenacidad como protectoras de los derechos de los animales. **Se trata de Marcela y María Fernanda. **
Marcela Castro, una de las colaboradoras más comprometidas de Territorio de Zaguates, siempre tuvo una afinidad especial con la naturaleza y los animales, y desde siempre ha rescatado perros de la calle: “Mi mamá los recibía en la casa, y claro, tenía que pensar de dónde iba a sacar el dinero para la comida, la esterilización, etcétera, porque su hija había traído a casa un perro nuevo.”
Marce con Nero, Squid y Bigotes.
Con el tiempo, ayudó a cientos de perros. Demostró que su sensibilidad, su preocupación y su deseo de ofrecerles una mejor calidad de vida a los perros sin hogar son lo que la define como rescatista.
En medio de sus rescates, descubrió Land of the Strays: “Conocí a Lya y a Álvaro hace unos ocho años en una feria de adopción. Había rescatado a una perra y le había encontrado un hogar temporal. La llevé a la feria de adopción para ver si le encontraba una familia, pero nadie la adoptó. La chica que me ayudaba con el hogar temporal ya no podía mantenerla, así que Lya y Álvaro se ofrecieron a tenerla en hogar temporal hasta que fuera adoptada. Como agradecimiento, iba a su casa cada dos semanas a llevarles un saco grande de comida para perros”, recuerda Marcela.
Con el tiempo, su relación con Lya y Álvaro se hizo más cercana, y empezó a involucrarse más en el proyecto. Siempre ha estado dispuesta a dar lo mejor de sí para ver felices a los perros, y esa es su única recompensa, ya que todo el trabajo que hace, lo hace sin cobrar nada.
En Territorio ha hecho de todo: ha bañado a los perros, recogido caca, los ha alimentado, los ha llevado al veterinario, y ha hecho absolutamente cualquier tarea imaginable. Además, ha habido momentos en que ha recibido hasta 17 perros a la vez en su casa.
“Me siento como una tía para estos perros, no puedo decir que soy una madre porque Lya es su madre, pero para mí son como mis hijos. Soy feliz cuando los adoptan, me da tristeza verlos envejecer y morir. Territorio es un proyecto en el que creo de verdad, y es una gran parte de mi familia.
La otra gran ‘tía’ de Territorio de Zaguates es María Fernanda.
Su primer encuentro con Lya y Álvaro fue en una visita al santuario con su familia. Desde ese mismo día, gracias al amor que siente por los animales y con la motivación de su hijo menor, no dudó en ofrecer su ayuda al proyecto.
Marifer abrazando a unos zaguates durante una caminata territoriana por la montaña.
Durante los meses siguientes, ofreció su ayuda en los eventos de adopción y abrió las puertas de su casa para convertirse en uno de los hogares cuna de Territorio. “Empecé como voluntaria, trabajando todos los días y los fines de semana. Subía al santuario a ayudar en las excursiones públicas, y con el tiempo me fui involucrando cada vez más”, contó Marifer.
Marifer ahora trabaja tiempo completo en Territorio y realiza distintas tareas, entre ellas: cuidar a los perros rescatados, coordinar las adopciones del santuario, crear los expedientes y las placas con el nombre de cada perro, y su casa sigue siendo el hogar temporal de decenas de perros que han sido rescatados en condiciones de salud muy delicadas. Además, supervisa el abastecimiento de comida para los perros.
Aunque es hasta ahora que se dedica por completo al rescate y bienestar animal, María Fernanda siempre ha ayudado a los animales abandonados: los ha sacado de la calle y los ha puesto en adopción, dándoles la oportunidad de encontrar una familia.
Cuando le preguntamos qué pensaba de su lugar de trabajo, nos dijo: “Este es un proyecto hermoso que no debería existir. Entre toda la felicidad y la gratitud que vemos cuando cuidamos y jugamos con los perros, este lugar también significa abandono, porque es el lugar donde los perros viejos y rechazados vienen a vivir y a morir. Detrás de las hermosas corridas por la montaña, también hay mucha tristeza. Por eso Land of the Strays tiene tantos significados para mí, tanto positivos como negativos”.
Estas mujeres son responsables de mantener en marcha el santuario más particular del mundo. Sin su compromiso diario en la lucha contra el abandono y el abuso animal, miles de perros seguirían viviendo en la calle. Agradecemos su trabajo, pero sobre todo agradecemos su amor por los animales.