Felix y Felicia son dos amigos peludos que rescatamos de una finca, después de que nos llamaran para avisarnos que estaban abandonados y que tenían varias heridas en el cuerpo causadas por una persona que los atacó con un cuchillo.
Cuando llegamos al lugar resultó que no podíamos entrar porque era una propiedad privada. Sin embargo, minutos después conseguimos el permiso.
Caminamos 2 kilómetros por un terreno muy difícil, desde la entrada de la finca hasta la curva donde los encontramos. Nos acercamos con mucho cuidado, tratando de evitar que salieran corriendo, que es lo que suele pasar.

Por suerte, para ellos y para nosotros, los dos se quedaron muy quietos. Felix, a pesar de ser el que se veía en mejor estado y que podría haber escapado corriendo, ni se movió; no se iba a separar de Felicia. Felicia, en cambio, se veía peor, tenía varios cortes y una herida profunda en el ojo. De inmediato los llevamos a los dos al veterinario por su estado de salud.
Cuando llegamos a la clínica notamos que cada vez que Felicia respiraba, le salía aire por el ojo; se le veía un absceso con pus y burbujas de aire que salían de ahí. Según el veterinario, la perra tenía un hueso fracturado y había desarrollado una infección en la cavidad del ojo derecho. A pesar de todos los esfuerzos para que Felicia se recuperara, y después de operarla, esta hermosa perrita perdió el ojo.

Después de dos días en la clínica veterinaria, Felix ya se había recuperado y podían darle de alta, pero nos llamaron de la clínica para decirnos que, aunque podía irse, estaba tan apegado a Felicia que preferían tenerlo un poco más ahí para que le hiciera compañía hasta que ella se recuperara.
Unos días después, cuando por fin le dieron de alta a Felicia, los llevamos a su nuevo hogar, Territorio de Zaguates. Por suerte, los dos se adaptaron muy rápido a la dinámica de la manada, en especial Felix, que se hizo amigo de todos.
Lo que nos seguía pareciendo muy curioso y muy tierno era que los dos perritos seguían inseparables, y siempre caminaban juntos por toda la propiedad.

Por fortuna, después del largo camino que han recorrido juntos, ahora los dos están en el refugio, no solo recibiendo cuidado para sus heridas, sino que, como todos los demás territorianos, ahora tienen comida, un lugar donde dormir y el cariño de las personas que los cuidan.
Hoy se les puede ver disfrutando del refugio y de sus aventuras con el resto de la manada. Juntos, siempre juntos, ¿y cómo no iban a estarlo?, si nos dimos cuenta de que son inseparables porque el amor de una madre y su cría es eterno, a pesar de todas las circunstancias.
